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Blockchain · Modos de uso

¿Quién teme al token feroz?

De un tiempo a esta parte, las noticias se hacen eco cada vez con más asiduidad de referencias a Bitcoin, Blockchain, y sobre todo, NFT. En un inicio, mientras el ámbito de estas referencias era algún sótano de unos programadores eremitas en California o Japón, no eran sino reseñas curiosas para “los muy cafeteros”. Sin embargo, hace muy poco, la casa de subastas Christie’s ha vendido la obra digital del artista Beeple creada en base de 5.000 NFTs EVERYDAYS: THE FIRST 5000 DAYS en casi 70 millones de dólares… sí, así, como suenan, como 70 soles. A partir de ese momento saltó la liebre y todo el mundo se pregunta cómo ha podido suceder y qué tiene de especial dicha obra con los susodichos NFT (Non-Fungible Tokens).

Los ya famosos Non-Fungible (= no-te-los-puedes-gastar) Tokens son una variante de las criptomonedas, solo que, a diferencia de éstas, no se puede comerciar con ellas. Bueno, sí se puede, pero no como lo haríamos todos con un billete de banco, en el que el valor es único y nos da un poco igual en número de serie de este, sino como si fuera un autógrafo de nuestro cantante favorito. De esta manera, el valor de los NFT no depende de un valor nominal sino de la información que contienen y que, como el autógrafo, es única e irrepetible.

¿Qué importancia puede tener esto en el mundo en general y en el de los creadores en particular? Mucha, tanto como demos a nuestra palabra o a los contratos que firmemos. Una vez creado, el NFT no puede ser alterado (aunque sí podemos asociarlo a uno nuevo, enriqueciendo su información), lo que nos permite asegurar que la información que contienen se mantiene inalterable y puede ser confirmada a lo largo del tiempo, con la ventaja que la verificación de esta depende de un testigo insobornable como es la red blockchain que la soporte. Los afortunados compradores de los bits del artista Beeple, pueden estar seguros de que son sus ceros y unos, y no los de ningún otro, algo que no es baladí en el mundo del arte digital. No solo hoy, técnicamente dentro de mil años, también.

Son un puente perfecto entre el mundo real y el digital. Creado el lazo que una ambas realidades (un contrato, una imagen, un certificado, un audio, una grabación…), éste no puede ser alterado aun con los más sofisticados programas de software, como tantas veces vemos en algunos soportes digitales.

En el mundo de profesionales, la firma y la autoría es básica para garantizar la calidad de un trabajo, así como los derechos y obligaciones derivadas de este. Y lo son por lo que representa nuestro trabajo. Conviene no confundirnos, ni la tecnología que soporta blockchain ni los NFT pueden dar otro valor a nada que la sociedad no reconozca. Si yo nunca he vendido un cuadro por 70 millones de dólares, no piensen que lo voy a lograr si lo confecciono con un Token específico.

No se asusten, los Token han llegado para quedarse, pero como lo han hecho tantas herramientas previas. Abren nuevas posibilidades porque garantizan confianza y credibilidad a nuestro trabajo más allá de nuestro círculo cercano, así que son una oportunidad para todos.

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